Cuando el balanceo de un chinchorro deja pasar la brisa fresca de la madrugada, se escribe una despedida

El día pasa por cientos de kilos de correos electrónicos, conversaciones telefónicas, stress, mucho stress, una hora de almuerzo, y luego stress porque las horas de la tarde son interminables. Justo hoy, en una madrugada incierta, sin coto, sin ansiedades, sin arrepentimientos, sin sueño, decidí escribir estas palabras para ese espacio que tanto placer me causó y que hoy debo admitir que pronto quedará en un rinconcito de palabras que merecen ser leídas… quizás como lección de mí para otros que con mucha ilusión, pretenden hacer una vida juntos.

Ilusión. Es una bonita palabra, pero ilusión sin intención es simplemente eso. Los caminos se bifurcan en la vida y nuestras ilusiones van cambiando de modo de andar, de sentir. Nuestras intenciones cambian y ahí es cuando la vida te va dando otras opciones.

No se pierde o se gana cuando se decide tomar diferentes caminos. Simplemente todo se transforma… ¿que si duele? Si… siempre duele, sobre todo cuando la incertidumbre te domina las horas y te conviertes en una mata de decisiones inconclusas y de muchos supuestos. Pero con suponer nada se gana. Con pensar mil veces la misma cosa sólo te da la oportunidad de considerar diferentes discursos para diferentes escenarios, pero la realidad es una.

La convivencia es muy distinta al amor. Aunque creas que las cosas van bien, ocurrirá siempre un viento en contra que te cambia la perspectiva y hay que tomar decisiones. No vale dios, no vale tiempo, no vale compartir, no vale absolutamente nada. Son dos personas, sentadas en un parque, despidiéndose y agradeciendo los años que pasaron juntos.

Las maneras del decir las cosas, las palabras seleccionadas, son automáticas, tremendas, algunas más pensadas de lo que uno se imagina, pero finalmente, fueron honestas y sencillas. Quererse, si, pero no como antes, ese es el asunto. Así termina un cuento, pero comienza otro que esta empezando a escribirse.

Quizá cuando estén leyendo esto, ya habré guardado todo en cajas, embalado bien nuestros recuerdos, y habremos partido. Nos estaremos llevando nuevas ilusiones a nuestros nuevos nichos. Yo por lo menos me llevo la alegría que fue nuestra libertad la que nos unió y es también la que ahora nos separa, y eso vale mucho.

Sólo hay una cosa que es segura. Se acabarán los atardeceres de sábado en la terraza de Palo Verde, pero no se acabarán las tardes. Se acabarán las horas de lectura en el chinchorro querido en la sala de la casa, pero no se acabarán los libros y mucho menos el chinchorro. Se acabarán los días en la cama donde se enlazaron millones de conversaciones, pero no se acabarán los sueños. Se acabarán los desayunos y los almuerzos, pero no se acabará el hambre de vivir, sea en la condición que sea, todo lo que nos viene encima. Por eso digo: Todo continúa, y nosotros continuaremos, más no juntos.

Para aquellos asiduos… me queda un consejo: ámense, respétense, conversen todo, no se mientan, no dejen que nada lesione su confianza, que nadie doblegue su corazón y su necesidad de seguir juntos, y si no es así, si ya no pueden más, no dejen que el tiempo decida por ustedes, porque es más el daño que se pueden hacer cuando dejan todo a manos del tiempo. Decidir separarse es un acto de amor tan sólido como decidir juntarse, es la decisión de no hacerse daño.

Desde Palo Verde queda en silencio a partir de ahora. Gracias a todos ustedes, a los cuerdos.

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Acerca de mtgonv

Comunicador, publicista y periodista, dedicado al Estudios del Discurso, la comunicacion digital y los medios sociales.editor de los blogs mtgonv.wordpress.com, desdepaloverde.wordpress.com y lasmanerasdeldecir.wordpress.com Ver todas las entradas de mtgonv

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