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Soft Porno Victoriano para Viejas Mormonas

CUADRO VICTORIANO

Tengo la imperiosa necesidad de entender, porque reconozco abiertamente haber leído los libros, cuáles son los aspectos que pueden hacer de 50 sombras un fenómeno, más allá de que el señor Gray tiene real y obviamente tiene ventaja: puede pagarse todos los gustos y caprichos, incluso, comprarse a una universitaria ventiañera para amarrarla y azotarla un poco.

Debe ser que como somos nosotros los muchachos los que tenemos cultura porno, nos parece esta historia sosa, y hay que ver que los argumentos de la industria pornográfica son malos, halados de los pelos, poco inteligentes, pero con una cantidad asombrosa de cosas que hacen esas muchachas que uno suplicaría encontrarse a una malabarista del sexo con alguna, una al menos, de esas virtudes.

Ni hablar de lo que hay de literatura erótica. Creo que tuve la oportunidad de leer mucho de eso, pues en algún momento empecé a escribir cosas como esa. Obviamente comenzar con la literatura grotesca y dura de Sade, pasando por una serie de novelas de tinte muy subido, como Las Edades de Lulú de Almudena Grandes, entre otras, le dan a uno una idea muy interesante de cómo la literatura erótica debe ser: “no esa vaina soft porno victoriano para viejas mormonas”, le escuché decir a una mujer entrada en años, reconocida por sus juergas y sus divorcios, que además admiro mucho por ser una doña muy culta y de mente abierta.

Además creo que las redes sociales se han lanzado una de crítica muy interesante en cuanto a memes se refiere. Imágenes con chistes al respecto a todo esto de la sexualidad que está despertando de una cantidad de muchachas y señoras calentonas que desean encontrarse a un señor Gray en su vida, aunque para mal o para bien, tienen a uno a lado (introduzca la carita que usted considere aquí).

Aquí es donde entra el juego de seducción fallido: amarrar a la mujer con la corbata de poliéster porque la de seda es muy cara (va una). Tratar de azotarla un poco no es una opción, porque en cualquier momento uno se emociona, ella se arrecha y se acabó la diversión (van dos). Comprar juguetes sin su consentimiento y verle la cara de “ya me lo había dicho mi mamá que tú eras un perro insolente sin amor y sin corazón que lo único que quieres es aparearte” (van tres). Llevarla a un lugar con aparatos escabrosos de esos que se usan para el placer y que te miren con cara de “si tú crees que alguna parte de mi cuerpo va a tocar esa cosa, estas equivocado”, si es que no te lo dicen… y así cosas por el estilo.

Yo me pregunto. Qué pasaría si uno tuviera la oportunidad de ser como el señor Gray con esas inclinaciones tan raras, no elegiría a una universitaria, pasmada por sus problemas personales, relativamente feita, desarreglada y con un autoestima por el piso. Seguramente sería amigo del Señor Heff y andaría con una texana desinhibida que tiene por lo menos dos portadas en la revista del conejito, y seguramente la cambiara de acuerdo a las necesidades del momento. Punto pelotas.

El señor Gray definitivamente es una entelequia victoriano-mormona. Pero todos tenemos derecho a soñar con el sexo, incluso si eres una vieja estirada, una carajita de lentes que no se toca por asuntos de fe, o la mujer que entre página y página, vuelve a la realidad y recuerda que el mundo es muy distinto al voltear y darse cuenta que lo que tiene es a uno a su lado (algo bueno debemos tener, supongo).

Cosas que refuerzan mi teoría:


El últimohombre

1981892_10151961044946283_642812902_nHan sido unos días de fútbol con uno de mis hermanos más preciados, de eso que la vida te entrega. Creo que el tempo nos ha ofrecido una amistad que sobrepasa muchas cosas y en lo personal, tengo por mucho la suerte de tener los amigos que tengo, pero en el caso de Pascual, tiene muchas cosas que superan las palabras escritas y dichas.

He visto cómo la persona que desea a su familia llegó con los guevos agarrados con ambas manos y con el corazón abierto a deshacerlo todo y colocarlo en manos del mejor postor. Sin desasociego, sin la mano temblorosa, con el desparpajo de un hombre que ha hecho de su vida una opción entregada al oficio que mejor sabe: ser el padre de Santiago u Laia, el esposo de mi Ana Carlota, el hombre de las paellas, el tipo que con coraje de defensor, se coloca la camisa con el número que le toca y sale a tirar patadas a la vida. Es el últimohombre, el que defiende el arco con la entersa que sabe.

Podría decir que lo vi flaquear, temer, preocuparse, doblar la rodilla y colocarse en fuera de juego para evitar la jugada fatidica de vida, pero no, no puedo dar fe de nada de ello. Más bien, escribo esto con el ejemplo de un hombre que respeto con mucho cariño y que sé que la fortaleza que posee es superior a la de muchos. Sé que el tiempo va a razones de que todo lo que podamos hacer como hermanos y como familia, de esa familia que me ha entregado el camino, va a ser mejor de lo que uno se imagina.

Tenemos mucho periodismo que hacer, muchas cosas por probar, muchas historias por contar, mucho que decir, mucha vida… “Pura vida”. Mis hermanos son los que se han despedigado por la tierra a hacer un mundo mejor. Lástima que esta tierra, que si, está llena de sueños, sólo nos deja los despertares. Ya nos reuniremos nuevamente, a probar nuevamente una paella valenciana y comer socarrat hasta saciarnos, a probar vinos, conversar de fútbol, de las motos, de las carreras, de los niños, de como crecen. Pronto.

En este equipo, su número, el número del últimohombre, se cuelga en el mejor sitial.

No tengo más que decirle sino “Hacélo”


Ni tan Desde Palo Verde

IMAG0117_1Escribo con la necesidad que tiene el hecho de escribir esto. Cuando uno se casa, se va a la aventura lleno de amor; cuando te divorcias usas el amor propio como fortaleza y asumes de corazón todo lo que eso conlleva. Cuando te mudas, dejas el amor propio y revuelves todo aquello que supuestamente te llevaron a hacer ambas cosas y la conviertes en un acto de decisión, dejar todo eso atrás, deshacerte del resto de esas cosas que te convirtieron en lo que eres hoy y comenzar de nuevo. Es hacer salto nuevamente de esos que tanto les cuento: primero el paracaídas y luego yo, y que el Santo Niño de Atoche te acompañe.

Tener todo en bolsas y cajas, mover los mueblecitos que fuiste coleccionando, botar basura, Limpiar subir y bajar las escaleras, despedirse de esos que te recibieron en su casa y se convirtieron en, digo yo, unos padres putativos que con mucho cariño no sólo estaban pendiente de ti, sino que además, fueron los que supieron comprenderte en esos momentos donde la vida estaba dándote el bofetón, pero para que reaccionaras. La puñalada, esa epifanía que sirvió, pese a mucho, de despertar.

Tengo muchas cosas qué agradecer a Palo Verde, donde desde esa preciosa terraza con atardeceres deslumbrantes de Petare me permitieron convertirme en una persona sensata, humilde y fuerte. Acostumbrarme a la viveza criolla y de a pie, a andar en moto taxi y luego en moto, a reconocer la calle que tantas veces la política me entregó, pero que es muy distinto vivirla que campañarla.

 Dejar Palo Verde es como liberarse de una chaqueta muy pesada pero muy cómoda, con una sensación de frio pero a la vez de alivio. Es de esas cosas que te hacen pensar y no sabes que sentir, pero la casa que ahora me acoge es harto conocida, llena de conversaciones, de cuentos, historias, alegrías, Santiago, dos gatos muchos amigos y muchos recuerdos, tanto que a veces siento que está un poco vacía en este momento de esta historia.

Esto es el salto cuántico a una nueva vida, es la tercera experiencia del desapego: apenas, el inicio para ese proyecto que tengo en la cabeza y en las manos. Esto no es como aquel texto que escribía a manera de despedida, es más bien una bienvenida a un “Ni Tan Desde Palo Verde”, pero con la misma alma.

Primero el paracaídas, y después…


Desea (me) bien

Hay maneras tradicionales de despedir el año. Recuerdo que el año pasado salió un texto maravilloso que se convirtió en uno de esos escritos fundamentales de lo que somos y lo que queremos (pueden leerlo aquí http://wp.me/p1jcQL-3V). Este año las cosas no cambian mucho, pues uno se vuelve más honestos con los deseos, sólo que, en vez de tragárnoslos con 12 uvas (que siempre me ha parecido una labor titánica) los lanzamos al cielo en globos del deseo (una costumbre que además de cursi me parece terrible, pero eso no es el asunto de este texto).

Yo estoy a punto de salir a caminar en un rato vía mi casa, esperando que me lleguen esos deseos que tengo pendientes en una caminata inspiradora. Siempre he pensado que el cielo es donde van las estrellas, los sueños y las ideas, y por eso tengo ganas de pedir cosas que realmente quiero y deseo, no sólo para mi claro está, con la cabeza despejada, bajo el cielo azul del primero de enero en la tarde.

De lo que si tengo claro, es que muchas de las cosas que prometí el año pasado que iba a hacer las cumplí en la medida de lo posible. Creo que las cosas más importantes las pude concretar y fueron bien importantes para el cambio que deseo a largo plazo. Creo que estoy, francamente, en la mitad exacta de mi vida (espero que me pongan unos cuantos años de descuento, pero sin no, pos bien) y eso me da ciertamente una posibilidad de saber lo que quiero y no quiero en la vida, más cuando la primera mitad pintó tal como la viví, que estuvo bastante buena.

No es que quiera ser desagradecido, pero hay cosas que considero importante tener claro a la hora de desear cosas en la vida, o de recibir deseos de otros, y esta atiende a esta lista que les presento ahora… partiendo desde la premisa que hay que desear bien, porque el genio de los deseos es un tipo bastante bien jodedorcito como para darte lo que quieres, pero si no sabes pedir, pasan las cosas que pasan en la vida. A esto le llamo, LOS DESEOS QUE NECESITAMOS PARA EL AÑO NUEVO.

  • No me desees que tenga una pareja nueva: creo que cuando la gente se divorcia por las razones que no son “tenía otra”, no tiene muy claro eso de la siguiente. Por eso, eso de desearle a la gente “ojala consigas a alguien que te quiera y te atienda” no es precisamente un deseo decente, porque, primero no estamos a principio en el siglo XX, y segundo creo que hay cosas más importantes que eso cuando se trata de pedir una pareja. Deja que esas piezas la construya en el camino. Deseo alternativo: ojala consigas la persona indicada para ti… Lo demás te lo dejo a ti.
  • No me desees prosperidad: la prosperidad es algo tan amplio que a veces considerar esa palabra es un poco limitado, podría creer que la prosperidad es hacer dinero, pero no es suficiente, a veces la prosperidad es tener la cantidad que necesitas para ser feliz. Deseo alternativo: te deseo mucha plata, más de lo que puedas gastar.
  • No me desees viajar: maginate… te mandan a trabajar a Islandia porque hay cosas que hacer por allá, en la parte del año que es solo de noche. O te manden de congreso donde no salgas del hotel en Rio de Janeiro en mitad del carnaval y de vuelta: directo al aeropuerto. Creo que es mejor que me desees expansión, y en especial, que me desees menos papeleos en este país de mmmier… Deseo alternativo: espero que te den cadivi completo para una isla paradisiaca.
  • No me desees buenas nuevas: entre ellas, la idea de tener muchachos. Es lindo, si, pero espero que eso sea en el tiempo que se disponga en la vida, más cuando se trata cuando tengas que pasar por el paso uno. Deseo alternativo: te deseo noticias maravillosas que alegren a tu casa y a tu familia.
  • No me desees que tenga muchas cosas bonitas: en mi pueblo eso se llama crédito… no es más fácil sincerar las cosas como en este caso, en el deseo alternativo: ojalá te bajen la tasa anual de la tarjeta de crédito.
  • No me desees que este país se arregle: este país no tiene compón si los que viven en él no se proponen a cambiar de actitud y se sometan a una nueva manera de vivir. Creo que debemos desear que el venezolano tome conciencia y se convierta en una persona más sensata, más honesta y más justa con su país y sus vecinos. Como por ejemplo, no salir a raspar Cadivi para seguir desangrando al país, como no jugarle a la corrupción, como dejar de hacer colas para robar a media empresa privada con las decisiones de su presidente actual, y mucho más cuando eres uno de aquellos que levantó banderitas en las bailantas de oposición miraculitos. Deseo alternativo: deséame una mejor conciencia de patria, no patria, patria, patria querida…
  • Deséame una sonrisa sincera todo el año.
  • Deséame tiempo de calidad contigo, para que disfrutemos de la amistad que nos une.
  • Deséame pasión para seguir adelante con los proyectos bonitos que nos pueden cambiar la vida.
  • Deséame muchos besos sinceros, pase lo que pase.
  • Deséame muchos buenos amigos.
  • Deséame muchos abrazos de alegría.
  • Deséame más sueños bonitos, más proyectos concretos, para logros.
  • Si eres linda y me deseas, no te lo guardes que la vida es corta (esta es de broma)
  • Deséame 365 días maravillosos, que los espero con mucha franqueza.

Lo lindo de esta lista es que es precisamente lo que quiero que tengas. Lleno de sonrisas, de amigos, y de placeres. De dinero, de salud y de conciencia… De buenos libros, buenas pelis y buenos proyectos, y si nos encontramos en el camino, cuenta conmigo así como yo cuento contigo. Eso creo que debe ser el deseo para todos. Te deseo muchos amigos sinceros, porque ellos te traen cosas maravillosas… solo te doy un ejemplo: mira los míos…

Para ellos gracias… porque sin ellos no sería lo que soy y ellos no serían sin mí. Estamos comenzando hoy, cuenta conmigo.


Ante la rectitud y la elegancia… unas palabras

Debo reconocer que una cosa que cuesta muchísimo es manejar una comunidad, en especial cuando se trata de gente diversa que piensa, cree y afirma que tiene la razón. Basta para ello tener un acercamiento en una junta de condominios: apenas el asunto de la convocatoria hace hervir los cabellos a más de uno.

A eso me refiero, la diversidad de opiniones siempre genera resquemores, y en aspectos muy particulares algunos roces que siempre existen por cualquier razón (los detalles no importan). Hay que entender que la comunidad es un aspecto vivo, que se mueve, que piensa por si sola, por encima a la conciencia personal.

Así es community Manager Venezuela: una herramienta llena de gente, de personas con opiniones, con ideas, que compite y colabora, que intercambia y se pelea. Normal. Sin embargo…

Creo que la autoridad que tengo dentro de la comunidad parte desde su inicio, no porque sea mi idea: sé, respeto, comparto el liderazgo de Carolina en el grupo y agradezco el esfuerzo que ella hace para que esta comunidad se mantenga, y eso pasa por sus acuerdos y negociaciones para hacer de esta plataforma una herramienta prestigiosa que reúna, como lo hace, a las personas interesadas en el tema de la comunicación digital, así como también a esas personas influyentes dentro del ámbito digital.

Por otro lado las iniciativas que se mantienen dentro del grupo son fundamentales. Tener una red de trabajo como la que tenemos hoy hace que las cosas sean más complejas, lo cual requiere mucho trabajo, mucho detalle y muchas ganas de seguir haciendo cosas para que esta plataforma tenga éxito.

Estoy consciente y doy fe que esta labor se hace cuesta arriba a causa de las responsabilidades personales (somos community managers, content managers, coordinadores de cuentas, gerentes de mercadeo, jefes de estrategias digitales, periodistas… de eso comemos) y es probable que esta plataforma no tenga el éxito que esperamos… de eso nos encargaremos más adelante, pero por lo pronto, hay muchas cosas que ir afinando poco a poco para que esta herramienta sea lo que deseamos que sea para todos.

En ocasiones las decisiones que se toman nos ha llevado a discusiones acaloradas, que hemos solventado con conciencia los razonamientos y entendido que hay cosas que tienen ya su brecha abierta y que ello remite a beneficios para quienes tomamos las decisiones ejecutivas: para nuestros asociados, nuestros participantes y seguidores.

Muchos saben que es eso… tomamos decisiones todos los días.

Ello me lleva a considerar la siguiente reflexión, y no se trata de una condición genuflexa ante el administrador del grupo (nos hemos dicho nuestras cosas, pero nuestra amistad y camaradería está por encima de eso): no voy a aceptar el desprestigio de una comunidad que ama lo que hace y que por eso nos sigue y está con nosotros. Todos los que están aquí han sido respetuosos, y en los momentos de crisis, hubo gente que se despidió elegantemente cuando tuvo sus diferencias, gente que en lo personal, respeto, admiro, escucho y converso eventualmente, porque sigo pensando que son valiosísimos para la profesión. Para ellos, gracias por su aporte cuando nos acompañaron, en ocasiones creo que su propuesta es necesaria.

Pero… siempre hay un pero… no tolero gente que ha hecho de su labor, por razones y discusiones personales, el desprestigio a una comunidad que se hace todos los días gracias a la colaboración de cientos de amantes de lo digital, no lo tolero. Mi aplauso a los que, pese a sus diferencias, siguen apoyando este proyecto y han echado andar el suyo, pero no acepto el ataque verbal por distintos medios y canales, el ataque estructural, el hackeo descarado, y el insulto grosero y triste de la histeria. Los asuntos personales deben dirimirse en el plano personal, punto, de otra manera pasan al plano de la histeria y la falta de respeto a la privacidad personal de los interesados en estas cosas: es decir, no me interesa.

Espero que esto tenga un resultado sensato, porque si no… realmente me da mucha pena, pero al final, nosotros somos su problema…

Marco Gonzalez V.
Comunicador Social
mtgonv
@mtgonv


Sobre el tipo de las corbatas raras y sus cosas…

No se cuantas veces conocí al chivo negro… porque como es obvio con gente como él, era el tipo de personas que uno conoce unas no sé cuantas veces en la vida. Lo conocí hace muchos años cuando en el colegio me daba por leer cuanto papel se me atravesaba en la vida. Ya había decidió que mi vida iba a estar orientada al periodismo, así que por suerte se editó un tiraje de sus libros Así son las cosas por Últimas Noticias, un diario que estaba comenzando a dar un vuelco tremendo en su visión editorial y estaba saliendo de las casillas de bodrio o de la manera perfecta de conseguir trabajo. Mi madre, en esa actitud consumista de todo lo que oliera a Caracas, compró todos los libros que duraban en mis manos menos de lo que cualquiera de ustedes podía imaginar. Después, en unos de esos conversatorios logré estrecharle la mano y conversar con él unos 10 minutos. Era fenomenal escucharlo, todo se le venía a la cabeza como si fuera una película, y cada historia tenía una razón de ser y una hilación perfecta con la siguiente. Si me preguntaran hoy, yo creo que el que escribió las mil y una noches fue ese carajo.

La sala de prensa de PTJ siempre fue un sitio de muchas historias, sobre todo historias que tenían que ver con El Compañerito, con el chivo negro, Santiago, y las leyendas urbanas de sus locuras, amores  y secretos a voces que tenían que ver con la fuente policial, y las demás cosas. Esas historias me hicieron reír mucho, pues los comisarios viejos y los reporteros que generalmente nos partían la madre con sus años de experiencia podían contar muchas cosas que vieron cuando tenían mi edad, pero las historias de Oscar eran fenomenales, casi de un super reportero salido de una historieta de Kaliman o de esos que sólo contratan en el diario El Planeta.

Una vez caminando por los pasillos de Venevisión me lo crucé en un ascensor. Tuve la osadía de decirle “que hubo Chivo Negro, como está la vaina” –“Como estas carajito, tiempo sin verte. Que estás haciendo con tu vida, por fin, ¿eres reportero?”. Me quedé perplejo. Lo que fue una osadía a mi parecer terminó siendo una sorpresa tremenda de que el carajo se acordara de mi… cosa que agradecí y fue una lección de vida. Sostuve 10 minutos de conversación nuevamente con el, donde conversamos fugazmente sobre mi paso por el reporterismo policial y un buen carajazo en el hombro con un “colega” que guardo muy bien en mis recuerdos, con aquellas historias en la frutería que quedaba al lado de El Nacional en Puerto Escondido con Abelardo Raidi y los ratos que tengo con El Compañerito, que han sido fenomenales. Después de años en el periodismo institucional y otras pendejadas que he hecho que no quiero mencionar, entiendo que eso de reportero no se quita, ni siquiera con agua fría. al fin y al cabo, cuando uno es reportero, lo único que te queda en la vida es haber sido un gran reportero. Si no, pregúntenle a Clark Kent.

Así son las cosas…


Discutir pendejadas por Twitter…

Soy vecino de Palo Verde por elección. No nací aquí. Más bien fue el lugar perfecto para iniciar una vida nueva. Muchos piensan lo mismo que yo, de hecho, muchos de mis amigos viven por ahí. Pero, si me preguntan, los vecinos de Palo Verde se parecen muchísimo a los del Hatillo.

Quizá mi visión compartida de la política y de la ciudadanía es mucho más dispuesta a lo que el ciudadano puede hacer fuera del estado que lo que puede hacer con el, mucho más con la existencia de los consejos comunales y los comité de participación ciudadana. Capaz aun no tengamos la capacidad de entender que somos los responsables de lo que pasa en nuestra comunidad al pasar por un lado al hueco, taparnos la nariz al pasar por la basura, o “dejar las cosas así”, cuando la violencia nos cae de plano. De eso se trata.

Esto de ser periodista dedicado a la comunicación digital y con una visión civilista hace que tenga una manera de ver las cosas un poco distintas a los demás, mucho más cuando no existen medios donde se puedan denunciar los problemas de una comunidad, porque por aquí  todo está bien, siempre y cuando el gobierno no nos desagrade.

Sea como sea… No voy a cambiar mi manera de pensar… La responsabilidad de nuestras comunidades es compartida…


Soy reportero

Miedo… no saben como detesto esa palabra. Voy a cumplir un año del famoso asalto con puñal y recuerdo que después de dos días de enclaustrarme en casa de mi madre, me lavé la cara y me devolví a mi casa con la rabia en el hombro, pensando que la actitud de avestruz no resuelve nada en la vida.

Esa mala actitud viene de esos años de reportero, cuando Ernestina, José Roberto y Lina confiaban en mi los trabajos más interesantes que puede tener un reportero: trabajos con alma, con calle, con el corazón de la gente, con problemas, con soluciones, con intereses bien marcados. Trabajos que sólo se podían hacer de noche, lejos, arriba en el barrio, abajo en las alcantarillas. Todo eso con 20 años, una carrera a medio comenzar y unas ganas de ver la calle como la ven los reporteros. Pero no tenía miedo, esa más bien ansiedad.

Esto no es muy distinto de todos los muchachos que tienen el alma atada en una redacción de un diario, de la que yo me safé después de graduarme, buscando, digamos, un bienestar económico que realmente aún no consigo. Para ser honesto, buscando más bien, la tranquilidad de mi familia. Pero como dice la frase esta que detesto “dios escribe derecho sobre las líneas torcidas” (quisiera verlo haciendo eso, en serio), la vida te va llevando a lugares inciertos, sin embargo, uno sigue guardando en el alma las cosas que lo convierten a uno en lo que es, y es que definitivamente, cuando uno es reportero, no se le quita nunca. Pero no fue por miedo, fue por ganas de crecer. El miedo no era mio, era de aquellos que me quieren.

Me refiero a eso, al reportero que no le tiene miedo a la calle, a los disparos, a las cárceles a los barrios, a la morgue, a las arepas de la morgue, a volar en helicóptero, a preguntar cosas incómodas, a escribir de cualquier manera posible, a cargar una libreta y un grabador de cassette porque no terminas de confiar en los digitales, a fumar de más, a dormir de menos, a pasarte el amor por el forro porque tienes una pauta de un caso que tienes persiguiendo de mucho tiempo. A escribir, arrecho, porque la vida es injusta, pero no con nosotros, sino con los demás, que es la razón del por qué estamos haciendo esto.

Por algo la mayoría de los superhéroes de nuestra niñez eran reporteros, porque creo que tenían algo que los movía, y sabían que la única manera de estar en el sitio donde siempre te necesitan era como un periodista avezado que escribe historias de cosas que pasan en una redacción, donde se sabe todo, y si no se sabe, por lo menos se sabe quien lo sabe.

Por eso soy, sigo siendo, reportero, porque aunque no sea superhéroe que salve vidas en una tragedia, somos los que inyectamos conciencia en los corazones de la gente, y eso, mi hermano, es salvar +almas, es quitarles el miedo y decirles que al fin de todo camino debe haber –hay– esperanza, pero para poderla tocar con la punta de los dedos, sólo hay que quitarse el miedo.

Creo que esta es la justificación para retomar este concepto de una trinchera seria. Al final, Lo sucedido con mi tío me recordó que de cualquier manera, nuestra función en la vida es de ser la ventana a la verdad, porque para eso nos entrenaron, para ser honestos. Desde Palo Verde tendremos la oportunidad de ver nuevamente el mundo con los ojos de un reportero, interpretaremos la comunidad, la política y la vida de otras maneras. Espero que les agrade, pero más que eso, que sea una herramienta para la conciencia, para la razón, para la sensatez, para la verdad.


Cuando el balanceo de un chinchorro deja pasar la brisa fresca de la madrugada, se escribe una despedida

El día pasa por cientos de kilos de correos electrónicos, conversaciones telefónicas, stress, mucho stress, una hora de almuerzo, y luego stress porque las horas de la tarde son interminables. Justo hoy, en una madrugada incierta, sin coto, sin ansiedades, sin arrepentimientos, sin sueño, decidí escribir estas palabras para ese espacio que tanto placer me causó y que hoy debo admitir que pronto quedará en un rinconcito de palabras que merecen ser leídas… quizás como lección de mí para otros que con mucha ilusión, pretenden hacer una vida juntos.

Ilusión. Es una bonita palabra, pero ilusión sin intención es simplemente eso. Los caminos se bifurcan en la vida y nuestras ilusiones van cambiando de modo de andar, de sentir. Nuestras intenciones cambian y ahí es cuando la vida te va dando otras opciones.

No se pierde o se gana cuando se decide tomar diferentes caminos. Simplemente todo se transforma… ¿que si duele? Si… siempre duele, sobre todo cuando la incertidumbre te domina las horas y te conviertes en una mata de decisiones inconclusas y de muchos supuestos. Pero con suponer nada se gana. Con pensar mil veces la misma cosa sólo te da la oportunidad de considerar diferentes discursos para diferentes escenarios, pero la realidad es una.

La convivencia es muy distinta al amor. Aunque creas que las cosas van bien, ocurrirá siempre un viento en contra que te cambia la perspectiva y hay que tomar decisiones. No vale dios, no vale tiempo, no vale compartir, no vale absolutamente nada. Son dos personas, sentadas en un parque, despidiéndose y agradeciendo los años que pasaron juntos.

Las maneras del decir las cosas, las palabras seleccionadas, son automáticas, tremendas, algunas más pensadas de lo que uno se imagina, pero finalmente, fueron honestas y sencillas. Quererse, si, pero no como antes, ese es el asunto. Así termina un cuento, pero comienza otro que esta empezando a escribirse.

Quizá cuando estén leyendo esto, ya habré guardado todo en cajas, embalado bien nuestros recuerdos, y habremos partido. Nos estaremos llevando nuevas ilusiones a nuestros nuevos nichos. Yo por lo menos me llevo la alegría que fue nuestra libertad la que nos unió y es también la que ahora nos separa, y eso vale mucho.

Sólo hay una cosa que es segura. Se acabarán los atardeceres de sábado en la terraza de Palo Verde, pero no se acabarán las tardes. Se acabarán las horas de lectura en el chinchorro querido en la sala de la casa, pero no se acabarán los libros y mucho menos el chinchorro. Se acabarán los días en la cama donde se enlazaron millones de conversaciones, pero no se acabarán los sueños. Se acabarán los desayunos y los almuerzos, pero no se acabará el hambre de vivir, sea en la condición que sea, todo lo que nos viene encima. Por eso digo: Todo continúa, y nosotros continuaremos, más no juntos.

Para aquellos asiduos… me queda un consejo: ámense, respétense, conversen todo, no se mientan, no dejen que nada lesione su confianza, que nadie doblegue su corazón y su necesidad de seguir juntos, y si no es así, si ya no pueden más, no dejen que el tiempo decida por ustedes, porque es más el daño que se pueden hacer cuando dejan todo a manos del tiempo. Decidir separarse es un acto de amor tan sólido como decidir juntarse, es la decisión de no hacerse daño.

Desde Palo Verde queda en silencio a partir de ahora. Gracias a todos ustedes, a los cuerdos.


Yaizi lee las cartas

Desde el año pasado Yaizi comenzó con la carrera de aprender la astrología como disciplina… con algunos tropiezos académicos. Ha hecho todo lo posible por poner al día su camino bajo esta disciplina, que a decir verdad, llamarlo disciplina es la manera correcta, más sin embargo, mi querida esposa la asumió con mucho placer y sacrificio.

Con el tiempo las cartas llegaron de manos de Rosario. Ya eran muchas las veces en las que estuvimos en su estudio con nuestra predicción anual. Nosotros teníamos la curiosidad, pero en las últimas semanas el asunto había tomado cuerpo cuando se abrió el taller de Tarot.

Después de terminar el taller, Yaizi comenzó a leernos las cartas a todos. Ya existía fama: Hasta la fecha, tenemos contados 30 personas a quienes se les ha leído las cartas; incluso a personajes familiares que no serian capaces de dejar que les lea el futuro.

Creo que más que el interés por las cartas, es la confianza que inspira Yaizi con sus palabras y sus manos. Aunque sin duda, cuando aquellos dicen que ella hace trampa, yo digo que es cierto. Sus ojos marrones atigrados brillan cuando ven más allá del horizonte.


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