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Mato por una Valenciana

Paella valenciana De mi Compradre @DonPascualon

Pues, si. Mato por una Valenciana. Adoro el gusto que tiene, su manera en cómo me perfuma el momento, su textura, su socarrat, como te digo, si… el sabor de una Paella Valenciana, bien hecha por supuesto, me trae de pelos.

El día  que la conocí fue de manos de mi compadre (Pascual Martorell, el del Pollo Sentao) quien apenas iniciaba su negocio con el tema de las paellas. En esos días de fiesta le pedí que me hiciera una de esas maravillas culinarias con el arte traído de las mismísimas Españas. Como de costumbre, esa fue una de las mejores cosas que nos pudo pasar en la vida (fotos en los post anteriores).

El tema es que quizá puede ser que a los venezolanos nos encante el sabor de la Paella con sabores marinos y animalitos por doquier (dice él, “es que a los venezolanos les gusta con muchos animalitos”, ¡triste!), o la exótica paella esta que hace con tinta de calamar, que si… es preciosa, pero yo no le veo el gusto…

La Paella Valenciana es, por así decirlo, uno de los  sabores más sutiles que he probado en mi vida: el aroma del romero, el arroz bomba (cuando hay), el garrofó, la exquisitez del conejo que le da un sabor que te cagas con su pollito bien hechecito. Si, debo reconocer que ahora que sé cómo es una paella, no puedo comerla de otra mano, en especial, cuando te comes la paella hecha por un Valenciano.

Aunque… él dice que hecha con leña de naranjal y liebre de cacería es para caerse de culo.

En estos días me pasó el link de la Comunidad de la Paella, además de unas fotos de cosas que se hacen que según me han explicado, he leído y aprendí a degustar, pues no se hace. Paella con chorizo, alcachofas, huevo, cebolla (nooooooooooooo cebolla no!) y hasta melón me he tenido yo que encontrar y me lo imagino… “una paella valenciana con un trozo de patilla y unas bolitas de melón con jamón serrano y unos tajos del mejor aguacate de la región… creo que no va a saber igual”. Lo que falta es que le pongan unos plátanos para criollizar el asunto. Ojo, hay unos cuantos bribones que son capaces de hacer una paella así… lo peor no es que la hagan, lo peor es que la venden, y mucho peor, es que alguien se las compra.

Las últimas veces que me he ido con el compadre de paellas, siempre hay un viejo (de ascendencia dudosa) que habla que hace unas paellas con yo no sé cuantas cosas, que hace que cualquier sabor que recuerdes de una pieza gastronómica de este calibre te den ganas de lanzársela a los pies a modo de protesta, y eso sólo con la vil descripción del sujeto, y claro, con la cara de mi compadre.

Bueno. Ahí le vamos con el Degustavila el próximos 30 de noviembre y como en las ediciones anteriores, voy con  nuestros amigos a educar sobre el sabor tradicional de la paella. Debo reconocer que este trabajo no es ad honorem: lo hago de manera descarada por una buena porción de Paella Valenciana y toda la cantidad del socarrat que pueda comer. Inclusive, les aseguro que es una de las experiencias más deliciosas que existe, y el sabor de cada una de las paellas va mejorando a medida que pasa la tarde. Así que les recomiendo que se paren temprano vayan a caminar y luego a comer paellas de Don Pascualón, acompañado con el #TeamPaella haciendo de las suyas.

Si quieren saber más de Don pascualón y sus paellas pueden pasar por su Facebook https://www.facebook.com/DonPascualon. Pueden pedirla por teléfono para que se la lleven a la casa o para que se la cocinen en vivo (¡llamen con tiempito eh! que la cosa se llena… y no se extrañen que sea yo mismo el que se las lleve). Además es patrocinarte oficial de la Penya Barcelonista Casal Catalá de Caracas (así, que cuando hay juego, pos ¡hay paella!).
Y como decimos por ahí cuando es bochinche… ¡SOCARRAT!
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La paella del año…

Pascual llegó temprano con todos sus implementos. Vino con su madre, la señora ángeles, Anita y con El Flaquito, ataviados todos con sus franelas amarillas de Don Pascualón. Luego, fueron llegando todos uno a uno con ganas de comer, porque la promesa del día era comer la mejor paella del mundo… Una paella valenciana que hacia agua la boca de todos cuando les avisamos por teléfono.

El ron Ocumare pasó por mano de todos. Algunos, como mi suegro, lo deleitaron seco. Otros como mi viejo, prefirieron la cerveza o el vino. El hecho es que todo estaba aquí. Comiendo, bebiendo, conversando, disfrutando de los aromas de la fulana paella mientras se hacía. Así que sea cual sea la razón de su presencia, estábamos todos, alegres en la casa que tiene un año dándonos cobijo.

En algún momento del día nos cruzamos, nos miramos, nos sonreímos. En otro momento, nos besamos fugazmente. Otro… simplemente nos tomamos de la mano. Todos estaban felices, pero especialmente, estábamos felices por estar con todos. Cuando se fueron nos sentamos. conversamos de las conversaciones, los cuentos, las miradas y las sonrisas. Conversamos del futuro. Los daños colaterales de la paella fueron menores a las de las ocasiones anteriores pero dejamos eso así, Mañana era otro día de nuestro segundo año.

Apenas un año juntos, y todo lo que falta.


Una Paella Dominguera

Hay domingos particulares en la vida. Domingos en los que uno dedica tiempo a los amigos y a la familia, en especial con aquellos que tienen una sazón abundante en la punta de los dedos.

Ana y Pascual llegaron temprano a la casa, colocaron todo el hareware y Don Pascual hizo de las suyas en una paella gigantesca: simplemente espectacular. Lo divertido fue que comimos directamente de la paellera. Oreo estaba totalmente extasiado con el conejo y paseaba de un lado a otro de la mesa buscando las bendiciones de alguno de nosotros. La conversa fue amena y divertida.

Definitivamente no había mejor manera para dar la bienvenida a los nuevos pequeños de la casa de nuestros amigos, y definitivamente, celebrar el amor nuestro y de nuestros amigos, el amor a nuestra familia y por que no, el amor que le tenemos a nuestro cachorro, que no dejó de celebrar que estuvimos un domingo en la casa de mi mamá.


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