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Extrañando mi propia tierra

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Carnavales patéticos. Así es la manera de decirlo. Hubo una época que me encantaba quedarme en Caracas en días de asueto. Disfrutar la ciudad, las plazas, las calles vacías, el metro, el ateneo, ver cine de autor en la Benacerraf, El Hatillo, el gusto de hacer mercado en días de total tranquilidad, ir a Farmatodo a comprar un antojo, comprarme un helado de palito y ver a los niños disfrazados jugar con papelillos. Sorprenderme que existe aún alguno que lleva el disfraz del Zorro. Tomarse una cerveza en El León y después volver a casa tranquilamente a las 11 de la noche. Estacionar el carro en la calle.

Las calles estaban vacías. Si, como no. Pero en estos días es una locura ir a caminar a Sabana Grande porque a algunos fascinerosos les da por subirle el tono al carnaval a carajazo limpio. Además la cosa se ha puesto poco interesante, que los trajes de princesa, Superman y la mujer maravilla pasaron a uniformes militares o de algún político preso. Y hablando de eso… la fecha se da para recordar las protestas del año pasado, ahora con el chance adicional de que si puedan dispararte legalmente.

Comerse un helado de palito, algo así como un pastelado, para mí es romper una regla. Azúcar no. Pero no es posible. Conseguir un helado EFE es imposible en una plaza de esta ciudad. Lo peor del caso es que cuando uno se traslada en moto, eres capaz de cubrir todo el territorio en una sentada. Realmente me quedé con el antojo.

Ni hablar de la cerveza. La ciudad está oscura, triste, aburrida, sin la música escandalosa que la caracteriza, sin los culitos morenos de playa con ganas de rumbear un domingo de carnaval, sin los mesoneros insolentes del León, sin la insoportable necedad de ir al San Ignacio a ver carajitas y tomarse una birra. Mucho menos comerse algo, porque todo se va acabando y por ser feriado, reponer el inventario es muy difícil.

Extraño la Benacerraf. Era mi sala favorita, aunque en la de la cinemateca se podía fumar, esa sala fue la escuela de cine más importante que tuve. Es más, extraño el ateneo con sus obras de teatro frikis, su plaza llena de cigarrillos y el Rajatabla después de comprar muchos libros muy baratos que me leía en una sentada en algún banco de la plaza. Si es que no te ponías a jugar fuchi. Las luces de la ciudad se han ido apagando. Tanto, que las pocas luces que quedaban en la ciudad se han ido yendo.

Sé muy bien lo que pasó. Se llama estupidez. Y ahora anhelo la misma ciudad en la que solía vivir, en la que vivo y ya no está. Estoy seguro que hay algo mejor que está aquí, en esta misma ciudad, que no se ha ido. Que esta por volver. Que hay que buscar.


Dejar AVON…

Han pasado casi dos semanas desde que deje mí puesto limpiecito, los papeles arreglados, los correos enviados, las despedidas listas, las responsabilidades repartidas y las expectativas revoloteándome en el estómago. El sábado ya  me hacía falta. El lunes, con una corbata puesta (¿Cortbata? Si… Corbata…) se me había quitado la echaduria de menos a todo lo que Avon representaba en mi vida… Realmente fue siempre un salvavidas.

Casualmente esa reflexión fue bien importante para mí en el momento en el que comencé a repartir las cosas, las cientos de cosas, en las que era responsable. Hubo tantas cosas que hacer, miles de millones, que nunca me había dado cuenta que realmente Avon, en esos momentos difíciles fue eso que me mantuvo a flote: por el trabajo, por el tiempo, por Guatire, por la disciplina, por los muchachos, por el chalequeo en el comedor, por las muchachas (muy lindas todas) por el Teamsite y sus vericuetos, por la web, por la conexión lento, por atención a la representante, por el folleto, por el folleto virtual, por la visión de lo que debe ser el Internet, por la visión de lo que debe ser un negocio en Internet.

Ahora, divorciado, serio, mejor vestido por obligación, diabético y más maduro, me enfrento nuevamente a una perspectiva nueva con las ideas y los aprendizajes que tengo después de tener a Argenis y a Eduardo de aliados y maestros, a Héctor como un amigo exigentisimo muy parecido a un jefe, a Virginia y Leidi siempre pendientes y con un consejo oportuno para el trabajo y la vida, a Anlev con su sordera funcional y concentrada… y a la gente de global siempre buscando como enseñar algo nuevo, realmente todo lo que pude lo aprendí, y eso lo agradezco. Mucho más maravillosa fue la noticia de saber que habíamos llegado al 50% de ventas web. Un reto que teníamos desde el año pasado y que se logró justamente cuando me retiro… así tal cual, con la manos en alto de la alegría y muchas ganas de buscar el siguiente reto.

Ahora, después de dos semanas con un proyecto en la cabeza por presentar y muchas ganas de ponerlo en marcha ya, al ritmo de Avon obviamente, sigo considerando mis decisiones. Sigo expectante, con la cabeza revolucionada de ideas y agradecido de mis aprendizajes. Hoy más que nunca, estoy consciente que sé lo que estoy haciendo y creo que son más las respuestas que puedo ofrecer.

Creo que ya me di el tiempo necesario… a seguir trabajando…


“La Vida Cambia” by @aakelarre

Ana y yo ya hace unos cuantos años!

Tuvimos la noche para conversar como desde hace mucho tiempo no habíamos hablado, y eso que lo hacemos a menudo. Fue una conversación bonita, amena, llena de recuerdos de lo que fuimos y lo que somos ahora. Sin discusión alguna, hubo una frase importantísima que celebramos por un segundo con un murmuro… “si, la vida cambia”.

Sería torpe e inmaduro creer que eso no es así. La vida es un animal mutable y silencioso que apura el paso de vez en vez y que ofrece sin discusión cosas nuevas que mostrar. La vida cambia y hay que vivirla sin arrepentimientos como un instante, que pasa así, como un instante. Recuerdo que hablamos de esas cosas que hemos dicho en ocasiones y que hoy son el símbolo de lo que somos “y que nunca pensamos que íbamos a ser”. Y lo más arrecho de todo, es que estamos orgullosos de ello.

También hablamos de los de dejamos de hacer… Y creo que esta lista es larga. Con los años hemos dejado en el camino a gente, sueños, vicios, cosas, pero sobre todo amores que sabíamos que no nos convenía. Y creo que de eso se trata aprender: considerar a esos amores insanos, las cosas innecesarias, los vicios dañinos, los sueños inalcanzables y la gente… Bueno, la gente… Eso es un tema de otra historia. Eso es una de las cosas que nos hacen madurar, saber lo que nos conviene y lo que no, y más que entenderlo, asumirlo: “ya no tengo 28”.

Más aún… Hablamos de lo que seremos, lo que seremos mañana, ahí, en la vuelta de la esquina y del terror que eso causa, pero así son las cosas… Por eso es que uno tiene la mala tendencia de buscar respuestas, quizá, en los sitios más extraños: en la adivinación, en la bruja que fuma el tabaco, en la tipa que echa las cartas, en el tipo que revisa tu mano, en las estrellas. Pero por más que busques respuestas en donde y con quien sea, lo único seguro es que la vida cambia, y por más temores que arrastres, va a cambiar, quieras o no y te va a enseñar todos los días que eres parte de ese cambio. “La vida cambia, tu cambias, las cosas van a cambiar”.

Todo esto ocurrió preparando unas cositas para la piñata de Santiago, que es en 15 días. Y después de casi dos años… ¿Cómo ha cambiado todo no? Y lo que falta…


… alrededor de una chupeta roja y otras historias.

Así estoy. Tengo los dedos que parecen una partitura. Lleno de puntitos negro de los constantes puyazos en las yemas para saber cómo sigo del tema de la azúcar, un asunto que, si bien no me mata en estos momentos que estoy joven y aprendiendo de las cosas que puedo y las que no, le tengo un terror a largo plazo.

Cambié de médico. La persona que me vio al principio me pareció poco sano, insolente, mal encarado, malavenido y poco comunicativo. Es más, creo que con todo este asunto de la diabetes, he vuelto a retomar esas afanosas costumbres de la autodidactía: para la enfermedad, para la cocina, para las medicinas, para los ejercicios, para todo.

Han sido días duros, especialmente cuando hablas con una persona como yo que tiene todos los vicios: Fumo, cada día menos, pero sigo fumando porque tengo la firme convicción de que el cigarro no es tan malo después de todo. No me pueden quitar todo de un solo golpe, creo yo.

De beber, pues creo que me he tomado dos güisquis con CAP y un vodka que no termino de pasar, algo de vino en un encuentro casual con una chica para conversar pendejadas, pero, ya el alcohol ha dejado de ser un asunto de necesidad para convertirse en un tema de segundas lides. Más bien son mis amigos que comentan “¿Marco González sin un trago? Fin de mundo…”, algo que me parece ridículo y fuera de lugar, pero bueno… mi buen humor es algo que sobrepasa los límites de la tolerancia. El asunto es que las fiestas me parecen aburridísimas sin un ron… me quedo dormido.

De los dulces sí que nada de nada. Bueno… excepto uno que otro chocolate sin azúcar y una laticas maravillosas de merengadas de vitaminas, que han subido una barbaridad desde que las conocí hasta la fecha. Con respecto a ese punto lo considero de la siguiente manera… la merengada cuesta 45 bolívares y la lata de Coca Cola (que está por demás negado de cualquier manera, muy a mi pesar) cuesta 15: entonces, si me tomaba 3 coca colas al día, puedo tomarme una lata de estas y punto… caso resuelto. Pero tampoco exagero, duele en el bolsillo, en el alma y en el corazón, pero es buenísima para los momentos de crisis.

Debo reconocer que en el país de las tortas –porque hay que ver que cada 20 metros en esta ciudad hay una persona vendiendo tortas, galletas, donas y demás dulces de panadería– es muy difícil sobrevivir a sus aromas y sabores. Creo que tengo algo de fuerza de voluntad, porque no he caído a los encantos de la torta casera tipo ponqué, y mucho menos a las tortas de cumpleaños que indiscriminadamente traen a la oficina para cantar cumpleaños (que dicho sea de paso, es interdiario) y que siempre terminan ofreciéndote un pedazo de torta de chocolate con crema de chocolate y chispitas de chocolate, para después decirte: “Ah, verdad que tú no puedes”, (en estos casos, les dejo a ustedes considerar lo que pienso de estos sujetos cuando vienen con esas monstruosidades pasteleras).

Otra cosa es que ahora el dulce me causa un gran problema cuando voy a visitar a Santiago. ¿Con qué moral puedo yo entregarle al pequeño una chupeta roja, que no es otra cosa que una bomba de azúcar? A mí me da mucha cosa, pero creo que además de que me parece una manera de consentirlo demasiado manipuladora (¡una chupeta! ¡ROJA!). Ahora, según mi criterio, es terriblemente peligroso eso de darle azúcar así desde chiquito.

Debo reconocer que tengo un miedo latente a ciertos aspectos de la enfermedad, no porque puedan ser una cosa grave hoy… digamos, asunto de sentirse mal y esas cosas; tiene que ver con los temas latentes de la enfermedad: lo que tiene que ver con el deterioro de la vista, los pies, los riñones, eso solo para comenzar, que se pueden convertir en un problema más adelante.

Además –con respecto a esto, algunos le llamarían la columna de reflejo– cuando uno le pasa algo empieza a coincidir con cuentos de personas que conocen a otras personas con la misma dolencia que tú, que le pasa esto o lo otro y de lo que no te enterabas nunca en la vida. Eso, es lo que más te pone en alerta, te aterra más y te preocupa más.

Pero por hoy, sólo por hoy, no pienso preocuparme por esos asuntos. Creo que más importante que preocuparse por lo que puede pasar en el futuro debo preocuparme en dejar a un lado todos esos vicios, que incluye la sal, obviamente, y preocuparme en vivir mejor que en cómo me voy a morir con los años. Es una reflexión en estos días en los que me encuentro de muy mal humor por muchas razones, pero esencialmente, porque creo que todo esto tiene una razón de ser y que, a veces pienso así, es una buena oportunidad para tomar una ola buena y surfear la vida… así como antes.


Yaizi lee las cartas

Desde el año pasado Yaizi comenzó con la carrera de aprender la astrología como disciplina… con algunos tropiezos académicos. Ha hecho todo lo posible por poner al día su camino bajo esta disciplina, que a decir verdad, llamarlo disciplina es la manera correcta, más sin embargo, mi querida esposa la asumió con mucho placer y sacrificio.

Con el tiempo las cartas llegaron de manos de Rosario. Ya eran muchas las veces en las que estuvimos en su estudio con nuestra predicción anual. Nosotros teníamos la curiosidad, pero en las últimas semanas el asunto había tomado cuerpo cuando se abrió el taller de Tarot.

Después de terminar el taller, Yaizi comenzó a leernos las cartas a todos. Ya existía fama: Hasta la fecha, tenemos contados 30 personas a quienes se les ha leído las cartas; incluso a personajes familiares que no serian capaces de dejar que les lea el futuro.

Creo que más que el interés por las cartas, es la confianza que inspira Yaizi con sus palabras y sus manos. Aunque sin duda, cuando aquellos dicen que ella hace trampa, yo digo que es cierto. Sus ojos marrones atigrados brillan cuando ven más allá del horizonte.


Pollo sentao (o esas recetas de pascual que alegran la vida)

Definitivamente la idea era excepcional. Tomar un pollo entero y cocinarlo sentadito cual comiquita de Tex Avery (sin la necesidad que saliera hablando del horno o que se salseara el mismo) era una idea atractivísima que me había sugerido en Sr. Pascual (si, el mismo de las paellas) para un día de domingo.

Todo el ritual comenzó el día anterior en la conversa sobre cómo hacer el pollo. Y en el automarcado me recomendó que comprara un aceite de oliva que muy buena calidad y con un precio considerablemente más bajo que el otro que siempre compramos.

Luego las recomendaciones: Esencial… masajea el pollo de manera muy cariñosa con aceite de oliva y con especias para que vaya macerando. Yo, como siempre  y retando a los creadores de la receta, fileteé unos ajos y los coloque en el bolsillo de la piel para que les diera sabor. Luego, vino el destacable: encular al pollo con una lata de cerveza medio llena y aromatizada con romero y ajo (otro punto para mí).

Las sonrisas de la gente que vio al pollo sentadito haciéndose en el horno no fueron menos. Era tan divertido verlo con sus alitas puestas en las rodilla y sus pechugotas saliéndose de su corsé de piel cual chica mala de bar francés, que la idea de comerlo era como si nos comiéramos una mascota, sólo que olía muy bien.

Ahí quedo el pollo enculao tal y como me dijo Pascual, sólo que a fin de cuentas yo no puedo dejar de hacer las cosas a mi manera… ¿de eso se trata cocinar no?


Los días sin ti

Se agradece encender la música antes de leer: Ayuda...

Todos transcurren desordenadamente. A veces pienso que la casa no puede seguir en el estado en el que se encuentra y como un torbellino arreglo todo para que se vea como si fuera una casa decente, o por lo menos, una casa que recibirá la menor cantidad de improperios.

Otros días no quiero hacer nada. Creo que es mas por el hastió de hacer las cosas yo sólo que por hacerlas, pues al final de cuentas el maniático, el loco por el orden, el que le irrita los platos sucios cada noche soy yo…  La cama es un desastre. A mí no me gusta dejar la cama así, sin embargo, lo hago. No vale la pena: queda tal cual, desordenada. Sin embargo, el otro día la tendí. Estirada, lisa, hermosamente arreglada, pensando que el amago de tu llegada podría ser cierto.

De comer, bueno. Comer comer… no ha sido una de las cosas esenciales de tu ausencia. Más bien quisiera comer algo dulce todo el tiempo para saciar la impaciencia (como si se saciara con azúcar la coño de madre), pero sabemos que de las ausencia y las impaciencias solo queda la gordura, así que la dieta a paseado por una serie de arepas, arroces, pastas, papas sancochadas, huevos sancochados, ensaladas de procesador de alimentos, en fin, de mucho de eso que quizás detestes de la flojera popular de la falta de ti.

Lo de la ropa si es mala maña. Eso sí, me cuesta doblar la ropa. Entonces de vez en cuando, muy de vez en cuando, hago de doblador, ya cuando los cerros sobrepasan la imaginación perceptible.

Sin embargo, la casa se ve increíblemente bien. Todo está limpio, menos lo que está sucio.

De dormir, bueno… he tratado. De repente el horario del nuevo trabajo me tiene las horas de sueño descontrolado y termino agotado de llegar dos horas antes al trabajo de lo que normalmente estoy acostumbrado. Sin embargo, las horas son las deshoras del desatino de las horas. Poco a poco me acostumbre a apagar el televisor y ponerme la bolsita para los ojos. La fomentera en la espalda y me pongo a contar segundos, a mi ritmo claro está. El despertar siempre es antes del reloj, le gano a mi propio tiempo, pero sigo arrastrando la sabana hasta que me despierto. Nada fácil, amor, nada fácil.

Pero en estos días el ánimo me vuelve al cuerpo. Todo está perfectamente arreglado. Bajo los designios de pensando en ti. Ya vuelves a la casa nuevamente. A dormir a mi lado y a ejercer tiránicamente el ejercicio del poder sobre el control de televisor.

No sabes la falta que me haces, pero la paso, que raro, con una canción en la cabeza… Pensando en ti, cantándote a la patita de la oreja…


El Asuntuoso dilema de ser Padrinos

Santiago llegó después de nueve meses, como era de esperarse cuando de un embarazo se trata. Ante tanta espera, estuvimos acompañando a Ana y a Pascual en el asunto, ya no como espectadores, sino como veedores certificados con sello de calidad Norven. Pero, de ahí a esperar ser padrino por ello, pues ni tanto.

Finalmente, me cayó de sorpresa la idea de serlo y debo reconocer que me agradó bastante, precisamente porque si ya había un vínculo poderoso entre lo pasado, era muy interesante afianzarlo hacia el futuro. De esas cosas no se hablan, pero se sabe… Lo sabe uno que mi relación con mis padrinos ha sido sumamente efímera, con sus temporalidades pasajeras excepcionales. Ya la experiencia me había dado la oportunidad de ser el padrino de Eliani, pero debo aceptar que en cualquiera de los casos, no sé como manejarlo… pero lo hago… no mejor que mis padrinos, pero lo sigo intentando.

Pero crecen demasiado rápido.

El chiquitico de hace dos meses es un hombrecito que se estira más rápido de largo a más largote de lo que ya era. Su carita se madura, sus manitos también. me cuesta cargarlo, pero cuando lo hago me cuesta soltarlo. Me cuesta entender que es una delicada criatura, porque sigue siendo un bebe, pero por dentro tiene algo, debe ser el carácter, o la fortaleza, o el alma, o la energía, ¡qué se yo!, lo único que sé es que pronto le va a quitar el carro a la mamá si se descuida.

Eliani es el ejemplo que reafirma aquella promesa que hice y que significa eso de lanzar las flechas más alto, porque más lejos caen. Sin embargo, ella es un ejemplo que indica que la vida no es más que eso que te ponen en el camino, y no dudo, que cada cosa que la vida le ponga, tengo, debo y quiero apoyarla.

Cómo se quiere a alguien que no tiene nada que ver con uno, pero que uno ve crecer, que te pide la bendición cariñosa y te abraza inocente. Como se quiere a un niño que llora y zurra y a la bisconvexa, pero que pronto le gustarán los carritos, los legos y el Playstation, que le gustará el Barcelona como el pae y el padrino y odiará el béisbol como se odia esos orígenes tercermundistas y malcerveceros como yo… Cómo se quiere a una niña que con todo el corazón le brillan los ojos de travesura. Como se quiere a un niño que sabes que por genética será un peligro a los 15 cuando le robe el carro a la madre para ir a buscar niñas al Cristo Rey y que tendré que salir a defender, porque ese es el compromiso…

Y me respondo, como siempre me respondo con estas cosas: “Con paciencia, Marco González, con paciencia”.


La paella del año…

Pascual llegó temprano con todos sus implementos. Vino con su madre, la señora ángeles, Anita y con El Flaquito, ataviados todos con sus franelas amarillas de Don Pascualón. Luego, fueron llegando todos uno a uno con ganas de comer, porque la promesa del día era comer la mejor paella del mundo… Una paella valenciana que hacia agua la boca de todos cuando les avisamos por teléfono.

El ron Ocumare pasó por mano de todos. Algunos, como mi suegro, lo deleitaron seco. Otros como mi viejo, prefirieron la cerveza o el vino. El hecho es que todo estaba aquí. Comiendo, bebiendo, conversando, disfrutando de los aromas de la fulana paella mientras se hacía. Así que sea cual sea la razón de su presencia, estábamos todos, alegres en la casa que tiene un año dándonos cobijo.

En algún momento del día nos cruzamos, nos miramos, nos sonreímos. En otro momento, nos besamos fugazmente. Otro… simplemente nos tomamos de la mano. Todos estaban felices, pero especialmente, estábamos felices por estar con todos. Cuando se fueron nos sentamos. conversamos de las conversaciones, los cuentos, las miradas y las sonrisas. Conversamos del futuro. Los daños colaterales de la paella fueron menores a las de las ocasiones anteriores pero dejamos eso así, Mañana era otro día de nuestro segundo año.

Apenas un año juntos, y todo lo que falta.


Un año después…

Debemos reconocer que ha pasado mucho tiempo desde nuestro ultimo post. Han pasado millones de cosas que pueden ser contadas, pero el tiempo, el cansancio, el dia a dia, ha hecho que dejaramos muchas cosas “para después”. Entre ellas, claro está, los post del blog. 

Sin embargo, el día que acontece es especial. Hoy es 23 de octubre. Hace un año decidimos emprender este camino juntos. Un camino, que como todo el la vida tiene sus baches, sus paradas, sus ventas de flores y de frutas, sus paradores para dormir, sus areperas, sus noches de soledad y otras de mucha gente que nos quiere, sus inventos, sus amigos incondicionales, sus crisis, sus discuciones por donde van las cosas en la casa, en fin, de cientos de cosas domesticas que hacen que la vida sera simplemente un especiero de muchos sabores y olores.

Lo más divertido de todo es que hoy es domingo: Como de costumbre, la espalda me botó de la cama temprano y yo estoy en la hamaca escribiendo mis historias, Ella duerme plácidamente después de una semana de trabajo fuera de Caracas. Las arepas las haremos en un momento y se las llevaré a la cama con un jugo de cualquier cosa que se me ocurra. 

Haremos almuerzo, abriremos una botella de champaña y brindaremos por un año maravilloso de muchas experiencias poco comunes (porque con nosotros en el barco la vida esta lejos de ser común), y brindemos por los amigos que siempre estuvieron y estarán acompañándonos en la vida, por mi madre que esta siempre pendiente de ella, por mi suegra que siempre esta pendiente de mi. Por los viejos que de vez en cuando pasan a darnos la vuelta para vernos. Por los Guía, que nos abrieron las puertas de su casa y nos ofrecieron un espacio modesto y sencillo para empezar nuestras vidas. Por Gustavo, que en paz descanse, por ser un maestro en muchos aspectos, pero esencialmente en la vida. Por Nancy que a pesar de todo y de ella misma, sigue siendo una persona que nos da lo mejor que tiene, su presencia y su apoyo. Por Ana y Pascual y Santiago, amigos incondicionales que son y serán compañeros del mismo camino. Por nuestros hermanos, que están para estar, y no importa para que más están. Por el tiempo, que nos ha dado la oportunidad de vivir esta vida a gusto y placer. 

Por DIOS… que entrelazó nuestros caminos.

Han pasado 365 días desde aquel sábado que nos vestimos de luces para firmar nuestro contrato de matrimonio y decirle a los mayores que estábamos dispuestos a elegirnos como compañeros de vida. Hoy, un año después… yo cuido su sueño de domingo mientras escribo, como siempre…

Gracias por darme este año tan maravilloso… Hoy comienza otro, que será, seguramente, mucho mucho mucho mejor. 


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