Entramos en diciembre

Entramos en diciembre… si, si: Navidad, utilidades, regalos, caña y dulces y todo eso… incluso, viene mi cumpleaños… y el médico me prohibió la mitad de las cosas.

Realmente la actitud Ebenezer Scrooge me dura hasta los primeros cinco días del mes, pues mis amigos siempre hacen todo lo posible para que estas fechas sean más interesantes, más divertidas y memorables que el año anterior, sin embargo también para mí es un momento en donde he podido reflexionar proyectarme año tras año a algo mejor, sin necesidad de pasar por los fantasmas de las navidades.

Este año he tenido muchas bajas y muchas altas, en las cuales debo contabilizar golpes muy duros y los más difíciles, como son la partida de Roberto y de Nestor a España, a quienes considero gente fundamental el mi vida. Al final no ha sido tan duro. El gallego me tiene al tanto de las cosas que le pasan y sigue tan aristotélico como siempre, y de paso me mantiene al tanto de las operaciones de todos por allá.

Luego está lo de la diabetes, que a la larga en vez de ser un problema se ha convertido en un regalo maravilloso de nuevas posibilidades y nuevos aprendizajes. Es un poco raro ver esto desde una perspectiva optimista pero creo que es la manera más inteligente. Sé que muchos se sienten agobiados con la enfermedad, pero esta ha sido un impulso más grande para cuidarme un poco más, creo que no tanto como merezco y debo, pero prometo ponerme al corriente este año que comienza, iniciando de inmediato.

Cambiar: parte del proceso

Incluso, creo que conseguí uno de mis propósitos de este año, que era cambiar de trabajo.  Con esto de las listas de fin de año y los estreses de las cosas que no hicimos, creo que fue un avance importante, para muchos aspectos. El nuevo trabajo ha sido un cambio importante en mí y me ha dado una perspectiva nueva de conciencia de quién soy y que debo hacer por mí, lo que incluye seguro y unos beneficios (eso comparado con la OTRA empresa, es un GRAN avance).

Ahora quiero seguir al siguiente peldaño. Es algo que tengo mucho tiempo considerando y esperando, y creo que es buen momento para hacerlo. Nosotros los periodistas tenemos demasiadas carencias en torno a lo que somos como profesionales, y por lo general somos personas muy inteligentes y preparadas con la iniciativa de una caja de Ace, y a mí, eso de ser un paquete en un estante no es mi interés.

Vamos a impulsar algo que creo merezco, con la idea de hacer lo que se hacer, lo que me gusta, de la mejor manera, y que de paso, genere los beneficios necesarios para que sea una maravillosa experiencia. Escribí os fundamentos hace años, y creo que aun son válidos, solo que esta vez cuento con gente que confía en mí.

Buena suerte Santiago

Uno de los eventos más importantes de este año fue la Carta a Santiago en Cartas de Amor de Mont Blanc de este año (pueden leerla aquí ). No ganar es una de las cosas más fenomenales que me puede pasar cada año, porque demuestra el cariño de mucha gente cuando me considera como escritor y el valor que le dan a mis textos. En cada ocasión, he tenido la oportunidad de recibir comentarios como “no entiendo” o  “por qué no tu”, y me he sentido halagado. Este año voy con todo. Para eso me voy a comprar mi juego de reglas nuevo, porque esta vez no voy a dejar espacios mal calculados.

Con respecto a Santiago, creo que es uno de los dulces que puedo permitirme en estos años. Ver crecer a una persona es un reencuentro con la sorpresa, con el encanto, con la ternura, con el juego y con algo que uno no conoce de uno, hasta que tiene la oportunidad de toparse con una experiencia como esta, con la firmeza: aprender que uno no debe doblegarse a sus manipulaciones y encantos y tener la inteligencia para enseñarles lo correcto y lo incorrecto, muy distinto a lo bueno y lo malo (que también debes enseñarles, además…) es un acto de paciencia muy serio.

 Lo bueno es que después de muchos años, darse cuenta que el tigre Shere Khan, una comiquita con la que crecimos, siga siendo el encanto de este enano, que me alegra la existencia porque sé que puedo compartir con el muchas horas de animación, uno de mis grandes placeres (le gusta Hora de Aventura, pero no se lo digan a su mamá porque me mata).

Lo que es arriba es abajo: o sobre por qué me dio por estudiar astrología

Siempre pensé que como hijo de Kiron y Sagitario, tenía el deber de mirar a las estrellas. Entonces, me encantó la trigonometría, las estrellas, la astronomía y la astrología, que a demás de ser una de las pseudociencias más antiguas que existe, es un fenomenal tema de conversación. Marianela y las muchachas han sido una fiesta semanal de placer y belleza.

Entre la necesidad de conocer (que es bastante), el gusto de las horas de la cena semanal, las clases, y las cartas que ruedan de mano en mano tratando de entender los cielos y su influencia ha sido una escuela maravillosa. Lo que antes era una conversación intuitiva y vulgar se he convertido en un área de estudio fenomenal, con una base clara y con un aprendizaje certero.

Claro, estoy consciente que mi intuición ha signado mucho el análisis, y ha sido una herramienta esencial para entender todo lo que veo, sin embargo, la orientación de Mari ha sido muy interesante, y compartir con Ana, Samantha, Margarita y Michelle aquellas cosas que solo las estrellas te pueden decir, y que devela aquellas cosas que, en ocasiones, no queremos que nos vean, es muy bonito. Ahora tengo un reto: quiero aprender a hacer la carta a pulso. Pero todo a su tiempo.

También ha sido una herramienta de autoconocimiento. Esto de tener la carta astral en la mano y comprender quien soy, mis aspectos esenciales para trabajar y como debo hacerlo ha sido un descubrimiento personal, en ocasiones muy duro, pero si muy ilustrativo. Ahí vamos, poco a poco, descubriendo cosas nuevas de mi y de los otros, pero sobre todas las cosas, descubrir sobre mi capacidad de analizar (sigo siendo un buen periodista hasta con la astrología después de todo).

También ha servido para entender que hay cosas que deben quedarse como están…

Con muchas ganas de dejar de soñar

Creo que las cosas que uno le ilusionaban ya no son las mismas en estos años. 35 años, con aciertos y fracasos. Este mi cierre del quinto ciclo de siete años, que por lo general son muy difíciles, porque exigen un nuevo orden. Ya ha pasado un tiempo y creo que las cosas han salido mejor de lo que yo mismo esperaba.

Creer en que las cosas van a cambiar para mejor es una ilusión, y quizás por eso aquel optimismo con color político que siempre profesaba se ha ido disipando poco a poco, entre otras cosas, porque la decepcionante actitud de algunos personajes conocidos deja mucho que desear. En una semana vienen las elecciones y creo que todo el mundo está esperando algo que no va a pasar, un cambio. ¿Un cambio de qué? ¿De políticos? ¿De reparto de poder y dinero? ¿De gobernabilidad? Me parece una ilusión tan vana que no sé qué debe darle uno a estos imbéciles que en sus propuestas de gobierno parece más bien una carta del niño Jesús de cosas que no se van a ver nunca, porque el niño Jesús trae el regalo, si; pero quien paga es papi y mami.

Seguimos es un país impune donde los imbéciles que mandan siguen excusándose en el sabotaje y ocultando la realidad más real (como diría mi pana el Requesón) y esto está cada vez más deteriorado, más triste y mas amoral. Lo peor del caso es que esta actitud ha sacado lo peor del venezolano, que no es nada bonito.

Lo peor de caso es que en cualquier posición que te encuentres, dejar de votar no puede ser una opción. Lamentablemente, la política del menos malo sigue siendo una regla…

Por eso la idea de dejar de soñar en una Venezuela mejor es bastante sensata y voltear a ver otros horizontes es hasta necesario, pese a que estoy consciente que esto es lo que quieren estos imbéciles: deshacerse de nosotros y crear una sociedad de borregos… Van bien, que es la peor parte.

Ya me arrancaré la pasión por mi patria, así como me he arrancado miles de cosas.

Mas sin embargo…

No sé qué es lo que viene en el año que viene. Estoy esperanzado por un lado, algo frustrado por el otro, pero creo que sea nada de morirse. A diferencia de este año, el que viene si me quiero prometer algunas cositas para seguir adelante.

Como siempre, los últimos 10 días del año me voy a reflexionar para comenzar mejor el año que viene… este año sin caña claro está sin dulces, sin tanta hallaca y sin tanto bochinche, pero con muchas ganas… viene el próximo peldaño.

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Acerca de mtgonv

Comunicador, publicista y periodista, dedicado al Estudios del Discurso, la comunicacion digital y los medios sociales.editor de los blogs mtgonv.wordpress.com, desdepaloverde.wordpress.com y lasmanerasdeldecir.wordpress.com Ver todas las entradas de mtgonv

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