Comprar por el aroma

Tengo ese terrible problema. Salgo a hacer mercado a Chacao y mis compras se reducen a los pasillos que me endulzan la nariz. El asunto va más allá del precio. Ya es una cosa de maña: camino por los pasillos una y otra vez identificando los aroma de los productos que me huelen mejor, más frescos y más a mi gusto.

Por ejemplo, ¿alguna vez se han preguntado a que huele la papa? No creo que se lo hayan preguntado alguna vez en su vida, pero en lo personal el aroma terroso del almidón es fenomenal y se percibe de una  manera muy sutil al acercarle la nariz. Ese aroma se despierta cuando cortas la papa antes de cocerla, y su almidón crea esa espuma que, para algunos, es muy molesta cuando se cocina.

Otro de los temas es cuando se te ocurre pasar por el pasillo de las hierbas aromáticas. Todo se convierte en un festival de aromas que se confunden entre aquellas que usamos de manera popular con otras que algunos son incapaces de comprar porque realmente no saben para que pueden servir (algunas yo no me he atrevido a usar aún), con aquellas que podrían pasar por aromas de brujo y que pueden hacerte correr, pero que tienen unas facultades maravillosas para el cuerpo si preguntas bien para qué sirven.

Uno de los aromas que me alegra el estomago es el cilantro en ramas: es un aroma poderoso y ácido que solo con frotarlo estalla en la nariz. Tuve la suerte de que me creciera unas ramitas en una de mis macetas en la casa y se  lo comenté a la muchacha que me vendía, y me dijo “eso es pura suerte, así cuidarás tus plantas que te sale cilantro en rama”. No creo que sea tan así, pero bueno, me pareció un halago.

Por otro lado, a mí me gusta usar el ajo macho para cocinar, tiene un aroma delicado y un sabor distinto al ajo tradicional y si me preguntan, es fenomenal para hacer pescados y ajiceros. Lo conocí cuando pregunté una vez  para que sirviera  y la señora del puesto me dijo que era para la suerte. Contra todo consejo, usé el ajo para hacer un pescado y me pareció maravilloso el sabor, el aroma y la facilidad de pelar, que es uno de las cosas más fastidiosas que tiene el ajo. Ahora me los vende por peso, y siempre, como sabe que es lo que estoy buscando, me los ofrece antes que cualquier cosa.

Yo tengo un delirio por el ají criollo. Es más, lo prefiero al pimentón. Puedo hacer casi cualquier cosa en la cocina que lleve pimentón y lo sustituyo por el ají dulce, aunque debo reconocer que he tenido algunos fiascos, con algunos ajíes picantes coleados en algunas recetas, pero personalmente a mi no me molesta el sabor picante, aunque puede echarte a perder alguna recete y poner de muy mal humor a alguna gente que tenga problemas de estomago severos. Cosas de la vida.

Así es que me da por comprar comida, es una cuestión de maña, más que de gusto. Así es como paso por todos los stands y el aroma es lo que me hace detenerme en un si, otros no. Creo que es la manera de encantarme  a la hora de hacer mercado. Lo mismo me pasa con los quesos y los embutidos, con las frutas, las especias, con los dulces, con el cochino (arepa frita de chicharrón y queso de mano, picante y una Cola Dumbo, muy a pesar de la diabetes). Creo que hacer mercado en los mercados populares es para mí una relación con esa vieja usanza de la magia: todo es un tema de energía.

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Acerca de mtgonv

Comunicador, publicista y periodista, dedicado al Estudios del Discurso, la comunicacion digital y los medios sociales.editor de los blogs mtgonv.wordpress.com, desdepaloverde.wordpress.com y lasmanerasdeldecir.wordpress.com Ver todas las entradas de mtgonv

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