Soy reportero

Miedo… no saben como detesto esa palabra. Voy a cumplir un año del famoso asalto con puñal y recuerdo que después de dos días de enclaustrarme en casa de mi madre, me lavé la cara y me devolví a mi casa con la rabia en el hombro, pensando que la actitud de avestruz no resuelve nada en la vida.

Esa mala actitud viene de esos años de reportero, cuando Ernestina, José Roberto y Lina confiaban en mi los trabajos más interesantes que puede tener un reportero: trabajos con alma, con calle, con el corazón de la gente, con problemas, con soluciones, con intereses bien marcados. Trabajos que sólo se podían hacer de noche, lejos, arriba en el barrio, abajo en las alcantarillas. Todo eso con 20 años, una carrera a medio comenzar y unas ganas de ver la calle como la ven los reporteros. Pero no tenía miedo, esa más bien ansiedad.

Esto no es muy distinto de todos los muchachos que tienen el alma atada en una redacción de un diario, de la que yo me safé después de graduarme, buscando, digamos, un bienestar económico que realmente aún no consigo. Para ser honesto, buscando más bien, la tranquilidad de mi familia. Pero como dice la frase esta que detesto “dios escribe derecho sobre las líneas torcidas” (quisiera verlo haciendo eso, en serio), la vida te va llevando a lugares inciertos, sin embargo, uno sigue guardando en el alma las cosas que lo convierten a uno en lo que es, y es que definitivamente, cuando uno es reportero, no se le quita nunca. Pero no fue por miedo, fue por ganas de crecer. El miedo no era mio, era de aquellos que me quieren.

Me refiero a eso, al reportero que no le tiene miedo a la calle, a los disparos, a las cárceles a los barrios, a la morgue, a las arepas de la morgue, a volar en helicóptero, a preguntar cosas incómodas, a escribir de cualquier manera posible, a cargar una libreta y un grabador de cassette porque no terminas de confiar en los digitales, a fumar de más, a dormir de menos, a pasarte el amor por el forro porque tienes una pauta de un caso que tienes persiguiendo de mucho tiempo. A escribir, arrecho, porque la vida es injusta, pero no con nosotros, sino con los demás, que es la razón del por qué estamos haciendo esto.

Por algo la mayoría de los superhéroes de nuestra niñez eran reporteros, porque creo que tenían algo que los movía, y sabían que la única manera de estar en el sitio donde siempre te necesitan era como un periodista avezado que escribe historias de cosas que pasan en una redacción, donde se sabe todo, y si no se sabe, por lo menos se sabe quien lo sabe.

Por eso soy, sigo siendo, reportero, porque aunque no sea superhéroe que salve vidas en una tragedia, somos los que inyectamos conciencia en los corazones de la gente, y eso, mi hermano, es salvar +almas, es quitarles el miedo y decirles que al fin de todo camino debe haber –hay– esperanza, pero para poderla tocar con la punta de los dedos, sólo hay que quitarse el miedo.

Creo que esta es la justificación para retomar este concepto de una trinchera seria. Al final, Lo sucedido con mi tío me recordó que de cualquier manera, nuestra función en la vida es de ser la ventana a la verdad, porque para eso nos entrenaron, para ser honestos. Desde Palo Verde tendremos la oportunidad de ver nuevamente el mundo con los ojos de un reportero, interpretaremos la comunidad, la política y la vida de otras maneras. Espero que les agrade, pero más que eso, que sea una herramienta para la conciencia, para la razón, para la sensatez, para la verdad.

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Acerca de mtgonv

Comunicador, publicista y periodista, dedicado al Estudios del Discurso, la comunicacion digital y los medios sociales.editor de los blogs mtgonv.wordpress.com, desdepaloverde.wordpress.com y lasmanerasdeldecir.wordpress.com Ver todas las entradas de mtgonv

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