Los días sin ti

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Todos transcurren desordenadamente. A veces pienso que la casa no puede seguir en el estado en el que se encuentra y como un torbellino arreglo todo para que se vea como si fuera una casa decente, o por lo menos, una casa que recibirá la menor cantidad de improperios.

Otros días no quiero hacer nada. Creo que es mas por el hastió de hacer las cosas yo sólo que por hacerlas, pues al final de cuentas el maniático, el loco por el orden, el que le irrita los platos sucios cada noche soy yo…  La cama es un desastre. A mí no me gusta dejar la cama así, sin embargo, lo hago. No vale la pena: queda tal cual, desordenada. Sin embargo, el otro día la tendí. Estirada, lisa, hermosamente arreglada, pensando que el amago de tu llegada podría ser cierto.

De comer, bueno. Comer comer… no ha sido una de las cosas esenciales de tu ausencia. Más bien quisiera comer algo dulce todo el tiempo para saciar la impaciencia (como si se saciara con azúcar la coño de madre), pero sabemos que de las ausencia y las impaciencias solo queda la gordura, así que la dieta a paseado por una serie de arepas, arroces, pastas, papas sancochadas, huevos sancochados, ensaladas de procesador de alimentos, en fin, de mucho de eso que quizás detestes de la flojera popular de la falta de ti.

Lo de la ropa si es mala maña. Eso sí, me cuesta doblar la ropa. Entonces de vez en cuando, muy de vez en cuando, hago de doblador, ya cuando los cerros sobrepasan la imaginación perceptible.

Sin embargo, la casa se ve increíblemente bien. Todo está limpio, menos lo que está sucio.

De dormir, bueno… he tratado. De repente el horario del nuevo trabajo me tiene las horas de sueño descontrolado y termino agotado de llegar dos horas antes al trabajo de lo que normalmente estoy acostumbrado. Sin embargo, las horas son las deshoras del desatino de las horas. Poco a poco me acostumbre a apagar el televisor y ponerme la bolsita para los ojos. La fomentera en la espalda y me pongo a contar segundos, a mi ritmo claro está. El despertar siempre es antes del reloj, le gano a mi propio tiempo, pero sigo arrastrando la sabana hasta que me despierto. Nada fácil, amor, nada fácil.

Pero en estos días el ánimo me vuelve al cuerpo. Todo está perfectamente arreglado. Bajo los designios de pensando en ti. Ya vuelves a la casa nuevamente. A dormir a mi lado y a ejercer tiránicamente el ejercicio del poder sobre el control de televisor.

No sabes la falta que me haces, pero la paso, que raro, con una canción en la cabeza… Pensando en ti, cantándote a la patita de la oreja…

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Acerca de mtgonv

Comunicador, publicista y periodista, dedicado al Estudios del Discurso, la comunicacion digital y los medios sociales.editor de los blogs mtgonv.wordpress.com, desdepaloverde.wordpress.com y lasmanerasdeldecir.wordpress.com Ver todas las entradas de mtgonv

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