Visitando a los perros

Cuando uno se pasea por la casa materna (de cualquiera de los dos) no se trata de una visita a la madre, no se trata de una visita a los hermanos, no es un reencuentro nostálgico con la cama que soportó tantas noches de insomnio, sino un encuentro con los perros de la casa, que haciendo de las suyas, se llevan toda la atención de uno desde que llegas hasta que te vas.

Mi malandro, Oreo te cae a gritos desde la puerta y se te tira encima dando saltos uno tras otro. Luego no te deja de seguir por toda la casa y donde te sientes se sienta a tu lado, haciendo lo posible por acompañar cada minuto posible mientras estés en la casa. si puede (y la consigue) busca la pelota para que juegues con el y así termina acaparando la atención.

La niña, Miel, hace lo que mejor sabe hacer, se te tira encima con todo su peso y en cuanto te sientas se sube a tus piernas y puede pasar todo el tiempo del mundo ahí: puede dormirse a sus anchas, besuquearte con su áspera lengua, pedirte que le des cariño con su patica y traerte el juguete de paso. También se saca las fotos, porque le encanta posar ante una cámara.

Contra ellos no se puede hacer nada. Total, hay que entender que sea cual sea la manera de verlo, nosotros somos los que nos fuimos…

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Acerca de mtgonv

Comunicador, publicista y periodista, dedicado al Estudios del Discurso, la comunicacion digital y los medios sociales.editor de los blogs mtgonv.wordpress.com, desdepaloverde.wordpress.com y lasmanerasdeldecir.wordpress.com Ver todas las entradas de mtgonv

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